Ante situaciones de emergencia son muchos los que acuden a hacer su lista de compras sin pensar realmente en si es viable, ni en sus características nutricionales. Por ello ofrecemos una serie de consejos para hacer tu lista de compras coherente a esta situación.

A la hora de planificar la compra de alimentos para llenar la despensa a largo plazo, es importante considerar sobre todo los alimentos que tengan una vida útil muy amplia y también que sean, en la medida de lo posible, no perecederos. 

El primer consejo será mantener la calma y hacer una lista de la compra por grupos, en función del número y tipología de personas para los que se van a comprar los alimentos, ya que no es lo mismo hacer la compra para niños que para adultos o mayores.

Un error común que se observa en este tipo de situaciones es que se compra casi la totalidad de los alimentos congelados y ultraprocesados, asociados a una fecha de caducidad más amplia, algo que es un error ya que no hay que olvidar que muchos de estos productos tienen altas cantidades de sal, azúcar añadido o grasas saturadas, que son perjudiciales.

Ante situaciones de emergencia, lo habitual es “encontrar gente haciendo compras de forma compulsiva, según lo relatado por Estefanía Ramo, diplomada en Nutrición y Dietética y Licenciada en Tecnología de los Alimentos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO)

lista de compras semanales

Entonces, ¿qué alimentos debería incluir en mi lista de compras?

Según los expertos, los grupos de alimentos indispensables en una lista de compra que se realiza con vistas a largo plazo debería incluir, a nivel general en el refrigerador:

  • Cereales: harina, arroz, pasta, pan precocinado congelado o elaborado casero, cereales de desayuno enriquecidos en hierro y copos de avena, ambos sin azúcar añadido.
     
  • Legumbres: garbanzos, lentejas, frjoles, todos ellos frescos o en conserva, chícharos congelados o en conserva, quinoa fresca, edamames (frijol de soya) congelados.
     
  • Verduras y hortalizas: en conservas o congelados como por ejemplo, espinacas, acelgas, judías verdes, zanahorias, calabaza, mezcla de verduras, papas y tomate entero o triturado al natural; cebolla y cabezas de ajo crudos; purés de verduras envasados bajos en sal.
     
  • Frutas y frutos secos: conservas al natural de piña y melocotón, fruta deshidratada o confitada, mermeladas, papillas de fruta y zumos sin azúcar añadido esterilizados; frutos secos naturales o ligeramente tostados, como nueces, almendras, avellanas o pistaches.
     
  • Carnes y productos curados o en salazón: pata de jamón serrano o en rebanadas y envasado al vacío, cecina, ternera, pollo y cerdo para congelar en casa fileteados o troceados.
     
  • Pescados y mariscos: bacalao y atún, conservas de pescado al natural o en aceite de oliva (sardinas, atún), conservas de marisco al natural (almejas, mejillones o berberechos); alimentos perecederos como merluza, dorada o salmón para congelar en casa y aumentar su vida útil.
     
  • Lácteos: leche en polvo o leche en tetrapack, yogures y quesos.
     
  • Grasasaceites y vinagres: aceite de oliva virgen extra, vinagres.
     
  • Cafés, tés y especias: café, tés, infusiones, sal, azúcar morena, especias, hierbas, condimentos, levadura o polvo para hornear y hacer algunos panes.
     
  • Dulces: chocolate negro, cacao puro sin azúcar añadido en polvo.

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